Opium

    Calada a calada, el peso del alquitrán se hacía  más notorio en sus podridos  pulmones. La luz del alba teñía de ámbar las cortinas; un día menos. En ese momento podía permitirse disfrutar de sus dos vicios: el tabaco y la soledad. La quietud del ambiente a aquellas horas lo sumió en un estado parecido a la meditación. - La vida- Musitó con risa burlona, utilizando la misma declamación que el capellán cuando le impartía el último sacramento  - La vida es una marea ponzoñosa que alguna vez te alcanza. Una cuerda que en algún punto se quiebra. Un escenario de dementes cantándole a mil butacas vacias. La vida es una oportunidad fallida, una diana injusta y solo una flecha de esperanza. La vida es para jóvenes, arrogantes o malhechores, porque aquí no tienen cabida los hombres buenos. Una eterna novela, y nosotros siempre el solitario Hamlet.... - En ese momento, la enfermera entró para tomarle la tensión, y al ver la bruma grisácea condensada en la habitación, preguntó - ¿Has estado fumando? - El moribundo, alargando la respuesta,  miró por la ventana para ver las olas de un mar que jamás volvería a sentir - La vida es humo - Contestó -  Y yo la consumo, día a día, calada a calada. Calada a calada.














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