The beaten generation
Giro en torno a la perdición de otra noche en un tugurio rodeado de dislalia sindical. En la barra del garito me esperan fantasmas como yo; niebla antropomórfica que no ha querido solidificar en ninguno de los modelos del catálogo que ofrece la Standard class de la posdemocracia. Somos los ventipico. Nos llamo así porque ya sumamos más de veinte fracasos y estamos muertos, de una forma u otra, para la mayoría de los que nos vieron (de)crecer. Entro al bar y reconozco la cicatriz del fracaso. La actitud hosca, la bebida seca y el lastre estético que nos hundió en nosotros mismos años atrás cuando no éramos tan fuertes. Sí, que la curiosidad no te lleve a destapar la razón por la cual a los guapos siempre los salva el amor. Podrías dar con una verdad lacerante. Mejor cambiar de tema que no ir a llorarle a cupido una flecha.
Ja, ja, ja, hijos de puta. A nosotros la flecha nos la clava el amor propio todos los días en el hígado, y no por hacer footing, precisamente. Arrastramos nuestros andares erráticos desde los confines de la soledad en trabajos mediocres hasta el tapiz doloso de los tugurios más recónditos. Coger el mundo por un vaso para nutrirse de adicción y nimbarse de rechazo.
Huimos de la sociedad que un día nos dio por culo, y no está mal, solo que encontramos cobijo solo entre personas rotas, diestras en el negocio de la mendicidad. En una sociedad que tapa sus carencias con caridad, con oferta y con demanda mientras no nos representa ni nuestra puta madre.
Quien le tiene miedo al tiempo es que no conoce la naturaleza del hombre. El problema es que Darwin era inglés y demasiado educado para meter en su ideario a la clase obrera y al látigo que la hostiga. Sin embargo yo me digo todas las tardes lo que se decía Hank preso de la misma vorágine que atrapa los píes de los malnacidos de ésta y todas las ciudades. "No dejes que te maten", me repito mientras hago ésto o aquello, y añado algo de mi propia cosecha: "Mátate tú con vicio, mátate tú en la miel plástica y efímera de una puta que te haga sentir que quemas una vida en una noche. Mátate tú lentamente con la cuerda que ata la locura alrededor de tu cuello. Porque si no te matas tú te va a matar la nada, la pérdida, la desgracia. Te va a matar una falacia".
Eso es; te matas tú o te matan los demás. La otra alternativa es dejarse morir para que baje la prima de riesgo.
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